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Con Los Trovadores de México

Fernando Rosas - Portada
Tras - Fernando Rosas
Irene Solís, la madre de Fernando Rosas, solía presumir con Toña Ayerdi la superioridad artística de su retoño frente al tenor del momento:

–¡Cuándo mi Fernando canta, Toñita, Pedro Vargas se esconde debajo de las mesas!

Doña Irene y doña Antonia, ambas de San Jerónimo de Juárez, solían coincidir en cualquier sitio de aquel breve espacio geográfico y siempre la conversación giraba en torno al hijo tan pródigo como prodigio. A sus triunfos cada vez más clamorosos en México y en el extranjero, y también a sus pleitos "porque mi Fernando no se deja de ningún cabrón".

–¡Y entonces!, Toñita, que mi Fernando agarra su guitarra y ¡chúmbale!, que se la pone de corbata al mismísimo Jorge Negrete, el famoso Charro Cantor y mandamás de los actores. ¡Cómo lo oyes, Toñita! ¡Ay, que Dios me lo proteja!

El pleito entre Fernando Rosas y Jorge Negrete, dirigente éste de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), cuyo epílogo reseñaba con tanto orgullo doña Irene Solís, forma parte ya del anecdotario de la vida airada aun sin haberse conocido nunca los pormenores. No obstante, a tal diferendo se adjudicará el exilio artístico de Rosas, cerradas todas las puertas en México por la influencia de Negrete, primero a Cuba y luego a Estados Unidos.

Un caso similar será el sopapo de la actriz Leticia Palma sobre el rostro del cantante más popular de América Latina, acción que liquidaría su carrera en el cine.

Rubén Ríos Radilla, biógrafo de Fernando Rosas, descarta las faldas o los líos sindicales como móvil de la bronca entre los dos cantantes y la deja en un simple choque de carácteres y temperamentos volcánicos.

Jorge Negrete no sólo era en aquel momento un aclamado ídolo popular y un dirigente gremial fuera de serie, sino que había conseguido, frente de los poderes omnímodos del presidente de la República y del dirigente obrero Fidel Velázquez, limpiar de líderes corruptos el sindicato del cine. Sintiéndose aludido, uno de ellos pretenderá, sin conseguirlo, boicotear la exhibición de una película de Negrete titulada No basta ser charro.

A propósito de broncas, una muy riesgosa será la causante de lo que podría ser un primer exilio de Fernando. La sostendrá con Eleuterio Cabañas Fierro durante la fiesta de cumpleaños de la señorita Emma Frías Reyes, según la reseña del propio Ríos Radilla. Y será entonces, ante la gravedad del caso, cuando sus muy bien relacionados hermanos, Antonio y Raymundo Rosas Abarca, decidan enviarlo a Chilpancingo con un puesto en el gobierno del estado.

Pronto el joven trovador animará las tertulias del gobernador, quien lo premiará más tarde con una plaza en la oficina de Correos de la ciudad de México.

Época tranquila y bonancible que Rosas Solís aprovecha para sentar cabeza con Teresa Pino Gallardo, con la que procrea a María de los Ángeles Rosas Pino.

El cronista Enrique Díaz Clavel pone a Fernando Rosas en el camino de la fama a través del programa La hora del aficionado de la XEW, pero Ríos Radilla lo coloca en las vías del amor. La amante en turno del sanjeronimeño es hermana de la soprano María Luisa Santillán y será ésta quien consiga para su cuñado un espacio en el programa Chocolates Luxo de la propia Voz de la América Latina desde México. Las cosas serán menos difíciles a partir de entonces.

La hora del aficionado, a propósito, fue en 1942 semillero de grandes talentos musicales. Del popular programa de la W surgirán cantantes y compositores como Amparo Montes, Carmela Rey, Chela Campos, Demetrio González, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Jorge Fernández, Ernestina Grafías y más.

Abel Domínguez, el mayor de la prodigiosa dinastía musical chiapaneca, escucha a Fernando en la W y no duda un minuto en entregarle su corrido Traigo mi 45, con el que incursiona en la moda nacionalista obligada por la guerra europea. Su voz le parece valiente y acerada.

Traigo mi cuarentaicinco con sus cuatro cargadores,
y traigo cincuenta balas,
las traigo p’a los traidores.
Les va tan bien que harán un segundo disco sobre el mismo tema bélico, pero esta vez con un bolero premonitorio de Armando Domínguez: Humanidad:
Oye, lo que yo te canto,
perlas de mi llanto para tu collar
dos estrenos del cantante de San Jerónimo El Grande, perdurables a distancia de 60 años.

Sus éxitos

Fernando Rosas dará a conocer por vez primera otros boleros clásicos como Vagabundo, de Federico Baena ("Soy un pobre vagabundo/sin hogar y sin fortuna/ni conozco ninguna/de las dichas de este mundo") midiéndose sin demérito con la versión de Fernando Fernández, sin discusión uno de los más grandes boleristas de todos los tiempos.

Será Rosas también el primero en cantar Hoja seca, de Roque Carbajo ("Mi fe es hoja seca/que mató el dolor"), el mismo doctor Carbajo que salió de su casa un día diciendo: —"Orita vengo, vieja, voy por cigarros"—, para no volver de Alemania sino muchos años más tarde. Allá escribirá Recuerdos de ti: "Hoy que me encuentro solito/tan lejos de ti,/no sabes cuánto te extraño/y sufro por ti".

Pensando en ti, otro bolero favorito de nuestro personaje, nació en Acapulco. Fue su autor Alfonso Torres, contrabajista de la Orquesta de Alfonso El Pelón Riestra, amenizando las noches de "música suave y luces tenues" del Ciro's del Hotel Casablanca.

Pensé que este nuevo cariño
podría de mi mente alejarte
calmando mi dolor,
pero estas caricias extrañas me matan,
no son tus labios, no son tus besos.
Me estrechan dos brazos ajenos
y cierro mis ojos pensando en ti...
nomás en ti;
y siento tu alma muy junto a la mía.
Vivo pensando en ti... nomás en ti.
Voz clara y fresca

Cosas del ayer es un hermoso bolero hecho para Fernando Rosas por su arreglista de cabecera, Chucho Rodríguez, formidable compositor y director de orquesta. También hará una creación de Somos diferentes, de Pablo Beltrán Ruiz, cuya orquesta lo acompaña en casi todas sus grabaciones.

Para el musicólogo Juan S. Garrido, Fernando Rosas fue uno de los grandes bohemios de la primera mitad del siglo XX. Su voz clara, potente y fresca, lo ubicó entre los mejores de su tiempo. Lástima, dice, que haya tenido que abandonar el país para regionalizar su arte a lo largo de la frontera Norte, donde será no obstante un triunfador.

La dicción era preocupación permanente de Rosas Solís por su acendrado costeñismo. Temía comerse las 's' al cantar como lo hacía al hablar y lo evitará basándose en ejercicios y lecturas. No obstante, en algunas grabaciones es notorio cuando se indigesta con una que otra 's'.

Resalta Juan S. Garrido la versatilidad de Fernando. Sin abandonar el bolero incursionará en géneros como el vernáculo y festivo. Destacan su grabación en homenaje a José Agustín Ramírez, promovida por él mismo ante el gobierno de Guerrero, que es este LP que les presento y las canciones sociales de Salvador Chava Flores. A tres de éstas las hará exitosas: Dos horas de balazos, La tertulia y Llegaron los gorrones. También Cartas a Eufemia, Peso sobre peso, El papalote, El agente viajero y Mi saxofón ("En dónde está/mi saxofón,/que no lo veo/en el rincón"). Ésta última de la inspiración del sanjeronimeño.

Otro broncón

El temperamento encendido y arrebatado de Fernando Rosas –y su talante justiciero, ¿por qué no decirlo?– lo colocan como actor principal de una tremenda bronca con la policía de Acapulco, con la peor parte para él.

Fernando es testigo una madrugada de la garrotiza brutal que le propinan policías uniformados a un desdichado joven trasnochador. Indignado por el atropello interviene tratando de parar el castigo usando voces de grueso calibre –"ya no le peguen a ese pobre chamaco, jenízaros abusivos hijos de la chingada"–, provocando una reacción animal de aquellos, pero ahora en su contra. Un policía usará la culata de su máuser para reprimir al justiciero, dejándolo sin conciencia.

Avisado del suceso, el alcalde de Acapulco se traslada a la cárcel municipal donde encuentra al intérprete todavía inconsciente, sangrando de la cabeza, nariz y oídos. Dispone la atención médica necesaria y ordena sin más el cese y la cárcel para los represores. Fernando volverá en sí convertido en una fiera demandando vengar el agravio con sus propias manos y en ese mismo momento. "¡Pónganme enfrente de esos cabrones montoneros, uno a uno, para que vean cómo les va!", pedía. Sólo la presencia de su hija María de los Ángeles logrará calmarlo aceptando entonces descansar en la casa de su hermano Raymundo Rosas Abarca.

A la casa de Raymundo llegarán alarmados otros hermanos del artista y entre ellos el político y litigante Antonio Rosas Abarca y el también cantante Enrique Rosas Solís, componente, con Benjamín Galeana, del famoso Dueto Caleta. Llegaron muchos amigos, gente de la "tocada y de la cantada", habiendo terminado la visita en una serenata de aquellas.

Fernando Rosas Solís muere a los 45 años en la ciudad de México, víctima de una meningitis el 9 de marzo de 1959. No faltarán amigos y parientes para quienes la golpiza de Acapulco, pocos meses atrás, haya tenido que ver con el deceso, lo cual es muy probable. El Ruiseñor de Guerrero, le llamaron sus paisanos. Sus restos mortales descansan en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. (Notas de: http://www.suracapulco.com.mx/anterior/2005/octubre/13/pag2.htm)

San Marqueña, Caleta, Ometepec y otras composiciones como Por los caminos del Sur, canción más tarde convertida en el himno (no oficial) de Guerrero, del acapulqueño Agustín Ramírez, cantadas por su amigo y paisano Fernando Rosas; bien encuadrado, de nítida voz, y fraseo perfecto son siempre gratas de escuchar. Canciones que narran la belleza del Estado, así como de su gente.

¡Regocíjense! con la chilena, que es la danza que representa la existencia guerrerense más que cualquier otra expresión rítmica. La chilena es sinónimo de Agustín Ramírez.

Vale.
Dr. Luis Felipe Escarza

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